Hay veces que te esfuerzas en tratar a una persona lo mejor que puedes: la escuchas cuando tiene un problema, ofreces el hombro cuando necesita llorar, pasas horas hablando sobre cualquier tema, le cuentas todo lo que por la cabeza pasa…excepto Eso. Ella no debe saberlo pues, para ti, es una persona muy especial que no querrías perder de ningún modo, y Eso podría llegar a dañar de un modo u otro vuestra relación. Pasa el tiempo, y ella sigue confiando en ti, tanto como tú en ella. Durante este tiempo, más de un hombre ha obtenido los abrazos y besos con los que tú has estado soñando y, cuando le ha ido mal con ellos, en lugar de animarla a dejarlos porque, por lo que sabes, se han comportado como auténticos gilipollas, la animas a que siga adelante, a que busque una solución. Lo más importante para ti es que ella sea feliz, con eso tú también lo eres. Llega un momento en la vida en el que te decides a quitarte un peso de encima, con la esperanza de que ella sienta lo mismo que tú sientes por ella: te armas de valor y, tras una conversación que no has conseguido llevar por el camino que tú querías, se lo dices. Quizá no usas las palabras que enternecerían todo corazón, ni lo haces en el sitio que te hubiese gustado, al fin y al cabo, ella ha sido la que te ha llevado hasta allí… Quizá tampoco seas la persona más bella del mundo, ni aquella con la que ha podido soñar, pero ella sabe que cada palabra que consigues balbucear en esos momentos es sincera. Le dices que la quieres, que todas aquellas palabras alguna vez dirigidas al aire, sin tener nadie una idea clara de hacia quién iban dirigidas, eran para ella, pero ella se muestra confusa. No parece esperárselo, y pide tiempo para darte una respuesta, pero en realidad ya la tiene muy clara. Te va a decir que no, pero le dolería demasiado decirle a la cara a un amigo que no acepta la proposición que él le ha hecho, la proposición de intentar hacerla feliz de cualquier modo. Como tampoco sería muy ético darte una respuesta en el momento que te alejas de ella, te hace esperar un par de días, para al final decirte lo mismo que tenía pensado al principio, pero en un triste mensaje de texto del móvil. ¿Qué diferencia hay entre aquellos a los que ha regalado tu sonrisa y tú? Puede ser que de ellos siempre se ha quejado y, que tú sepas, nunca de ti. Quizá es que alguno de ellos la ha tratado como a un objeto, o incluso es posible que la diferencia es que tú has sido de los que estaban “detrás del telón”, de los que atendían a la princesa protagonista de la obra cuando ésta lo pasaba mal. A lo mejor para tener a la persona que quieres hace falta tratarla como un objeto, o pasar sólo los buenos momentos con ella. Quizá para que te trate como tú piensas que te mereces debas, simplemente, pasar de ella… o quizá sea cosa del maldito azar.
Evidentemente el “no” me duele, porque te quiero, pero me duelen mucho más las formas. Me duele un mensaje al móvil en vez de unas palabras a la cara, pero me duele mucho más que, antes de que haya podido hablar con mis amigos tranquilamente del tema, ellos se hayan enterado por terceras personas que no tienen relación directa con ninguno de nosotros.
Ha desaparecido un enorme peso que he llevado encima, han desaparecido las horas muertas pensando en esto… pero también ha desaparecido la fe que había depositado en ti como persona, y espero poder recuperarla algún día. Hay una promesa, de cualquier modo, que un día me hiciste y deberás respetar, una promesa que insistí juraras mentando a alguien muy especial de tu familia. Espero que la rompas nunca porque, por mucho que me haya molestado el modo de tratar algo que para mí era importante, me niego a que, volátil, algún día desaparezcas de este mundo sin haber contado hasta diez antes.
Hoy despierto más fuerte, con más ganas que nunca de comerme el mundo. Con la idea de entregar mi amor a la primera persona que de verdad lo necesite y reclame, a la primera persona que de verdad se lo merezca. Me encuentro comenzando una nueva etapa, una etapa en la que no pasaré más de lo necesario pensando en nadie, en la que diré a mucha más gente mucho más de lo que pienso y en la que atisbo seré más feliz. Espero que algún día seamos amigos de verdad, de los que llamas cuando algo malo te pasa, pero de los que también llamas cuando estás llena de alegría. Porque los amigos están para las malas y las peores, pero también para las buenas.
Por último, gracias a Susi por darme los ánimos para hacer esto y apoyarme en todo momento, espero que nos veamos pronto y que lo tuyo se solucione. Gracias también a las personas que, en lugar de evitar el tema o morbosear y alimentar la conversación fácil, han tenido como prioridad el preguntarme cómo estoy. Gracias de verdad.
Un saludo.
“Cuando las alas del amor rocen tus labios y una flor amanezca una mañana en tu habitación, si sientes muy dentro de ti, en las entrañas, una cálida voz, no la dejes escapar. No esta vez…”
Brisa de otoño
martes, 20 de noviembre de 2007
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